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Capsula de Artista

La génesis de Maria Magdalena

Un retiro, un ayuno y la semilla que dio vida a Maria Magdalena.

Magdalena Ávalos es una de las fundadoras de María Magdalena y quién, a partir de una experiencia extrema con su propio cuerpo, sintió literalmente cómo la piel toma nutrientes que ingresan a nuestro organismo. Una vivencia tan radical y reveladora, que cambió su vida dándole origen a su proyecto. Una historia en primera persona que revela la importancia de saber qué nos estamos poniendo sobre la piel.

Entre 2013 y 2015 viví en una comunidad en Beccar, provincia de Buenos Aires. Era un espacio que armamos con 5 amigos y que a los pocos meses de llevarlo a cabo se transformó en un centro cuyo fin era el autoconocimiento y el crecimiento personal. En menos de 2 años pasaron más de mil personas que vivieron alguna experiencia o que simplemente estuvieron allí para observar una nueva forma de habitar.

Ofrecíamos retiros y nuevas experiencias que proponían llegar a espacios internos muy profundos y sutiles. Así fue como decidí participar de un retiro de ayuno de 14 días, en una comunidad en Córdoba. Un desafío en todos los niveles; físico, emocional y mental. Exponerse a nuevas situaciones como esa es encontrarnos con aspectos propios que no conocemos.

Eran 14 días retirados en la naturaleza con un guía que nos acompañaba y un grupo de 20 personas que ya lo habían hecho antes. Era un retiro de silencio también y durante los primeros 7 días no comimos nada, ni tomamos líquidos. A partir del día 8 empezamos a ingerir 1 litro de jugo muy liviano por día.

Empecé a ver cómo se transformaban los cuerpos día a día. Observé cómo algunos se deshidrataban más que otros, en algunos casos se marcaban notablemente los huesos y las cavidades. En otros casos, no había casi diferencia respecto de cómo habían llegado.

En mi caso sentía que la piel, en extremo reseca, me pedía hidratación. Durante las duchas diarias sentía que mi piel tomaba el agua que no estaba recibiendo por boca, pero no era suficiente.

El séptimo día usé una crema humectante que llevaba conmigo, en las piernas. En el mismo momento que estaba aplicando la crema, comencé a

sentir su sabor en la garganta. Lo primero que sentí fue repulsión, asco. Hacía una semana exactamente que no comía ni tomaba nada y fue un shock, mi cuerpo absorbiendo todo ese estímulo junto a través de mi piel.

Entonces me di cuenta que esa crema no era la crema que estaba necesitando mi piel, porque la repulsión que me provocó el gusto tuvo que ver con la cantidad de químicos y fragancias artificiales que la crema tenía.

En ese momento tomé consciencia de que la piel, literalmente, come. Se alimenta, se nutre. Y no lo percibimos porque estamos llenos de estímulos y sustancias químicas en el organismo. Llevamos un estilo de vida que nos desconecta de nuestro propio cuerpo. Hemos perdido la capacidad de escucharla, pero nuestra piel nos está hablando todo el tiempo. Y lamentablemente, estamos acostumbrados a ponernos cualquier cosa sobre la piel para que se vea bajo alguna forma propuesta por los estándares de belleza y no por la salud de nuestro organismo.

Esa misma noche tuve una certeza; supe que tenía que hacer un alimento para la piel. Poder llegar al organismo con nutrientes a través de la piel, ofrecer una propuesta libre de sustancias que nos intoxican.

En la comunidad donde vivía me encargaba de la huerta y tenía especial interés por las plantas medicinales (bueno, todas las plantas a decir verdad lo son). La naturaleza es tan sabia que, en el suelo de cada lugar, deja crecer lo necesario para la vida allí.

Desde luego, aquella experiencia en el ayuno y el retiro fue tan fuerte porque yo estaba en un estado de mucha sensibilidad, presencia y escucha. Pero la semilla ya había sido germinada y el impulso por crear algo natural y genuino para la piel, había nacido.

 

Ofrecíamos retiros y nuevas experiencias que proponían llegar a espacios internos muy profundos y sutiles. Así fue como decidí participar de un retiro de ayuno de 14 días, en una comunidad en Córdoba. Un desafío en todos los niveles; físico, emocional y mental. Exponerse a nuevas situaciones como esa es encontrarnos con aspectos propios que no conocemos.

Eran 14 días retirados en la naturaleza con un guía que nos acompañaba y un grupo de 20 personas que ya lo habían hecho antes. Era un retiro de silencio también y durante los primeros 7 días no comimos nada, ni tomamos líquidos. A partir del día 8 empezamos a ingerir 1 litro de jugo muy liviano por día.

Esa experiencia fue, concretamente, la semilla de Maria Magdalena

Semilla que ha sido sembrada, regada y nutrida por cada persona que pasó a ser parte del proyecto. Hoy MARIA MAGDALENA habla de un alimento y de muchas potencialidades más de la piel. El contacto, la sexualidad, la expresión.

Cuando regresé del retiro leí muchas teorías que confirman la capacidad de absorción de la piel. Sobre todo, de profesionales de las medicinas alternativas e integrales que ven al ser humano como un todo. Es imposible tratar una piel sin antes considerar la salud de los órganos y viceversa. Incluso porque es la piel quien habla del estado de nuestros órganos.

Para mí “alimento para la piel” significa: productos para el cuidado de la piel hechos a base de materias primas naturales, sustentables y de la mejor calidad. Naturales y orgánicos, sin químicos ni fragancias y componentes sintéticos.

El universo de la piel es infinito, como el del cuerpo humano todo. Sigo experimentando con mi cuerpo, conmigo misma, con otros cuerpos. La vida me enseña. Agradezco que cada vez seamos más los que buscamos y experimentamos, los que creemos en una nueva forma de habitar el planeta y nuestros cuerpos.